12.9.10

Lo esencial es invisible a los ojos.






Érase una vez una personita muy pequeña, tan pequeña como el tamaño de su imperio...

Este ser era inquieto, curioso, talentoso y apasionado. Divagaba entre las grandes redes de astros en el majestuoso Universo que se extendía ante sus brillantes ojos, mientras día a día seguía escrupulosamente una rutina que apenas se percataba de cuán monótona era.

Cierto día, para su sorpresa, una hermosa flor asomó sus pétalos en estos dominios. El hecho fue determinante en el rumbo que este pequeño ser habría de tomar, pues aunque al principio no tenía tanta importancia, poco a poco la vida de esta enigmática rosa se convirtió en lo más esencial en su vida.

Esta flor no era común; ella era de carácter fuerte, confusa, complicada, engañosa y muy orgullosa; pero también era extraordinariamente bella e inteligente, frágil, tierna; embelesaba el mundo de esta personita con su sola existencia pues en toda la extensión del Universo no podría existir una flor que, al menos, asemejara tan singular belleza.

Sin embargo, una mañana después de una noche de tormenta, este personaje emprendió un viaje, comenzaba una etapa en su vida; quizá por azar, o quizá porque el destino de su flor simplemente no era compatible al suyo.

En su travesía, el pequeño ser conoció rumbos impensables; planetas extraños poblados por personas aún más extrañas, vivió alegrías desconcertantes y también las más emocionantes desventuras.

No por eso su viaje fue menos edificante, y no por eso se olvidó por un sólo momento de su hermosa flor, pues mientras más conocía la inmensidad de la vida, más comprendía y comprobaba de nuevo la singularidad de esa rosa que definió tantos aspectos de aquel pequeño imperio que había quedado atrás, y aún cuando no experimente la sensación de conocer una flor así de nuevo, el imperio que formó siempre tendrá vida dentro de la lucidez de todos y cada uno de sus tan preciados recuerdos.





4.9.10

Historietas




Ha iniciado un año muy rápido,
apenas va iniciando y todo corre tan rápido
apenas puedo estar consciente de tanta bruma
apenas ni cien noches y las historietas sobrepasan los dedos


Una a una cada historieta se dibuja con tintes de ilusión sorda,
de amarga satisfacción,
de placer pornográfico; falso, fingido y ruidoso,
y mientras se escribe una historieta más
se va cayendo todo lo que soy, en pedazos muy pequeños
demasiado pequeños como para unirlos de nuevo
voy cayendo lentamente a un vacío que,
historieta tras historieta,
se va haciendo cada vez más grande,
impidiendo la llegada de una historia real y genuina.


Y voy coleccionando fotos, noches y sueños,
cenizas que se clavan en la garganta impidiendo mi defensa,
y ahora cada vez que miro hacia el espejo, no puedo ver más
que simplona chica que me he volcado hacia la mirada ajena.


Y la sonrisa arrogante que mi patético mecanismo de defensa
me obliga a dibujar, mientras en el fondo
cada lágrima que queda guardada se va pudriendo,
convirtiéndose en fuego,
en cuchillos que desgarran cualquier indicio de mi espíritu,
pero como siempre, seguramente
he sido fuerte, soy fuerte
y seré grande
por siempre.