De pronto apareciste, como sueles no hacerlo ya, la ventana se abrió mientras súbitamente sentí el galope en mi pecho causado por esa fotografía donde tu cabello cubre parcialmente tu rostro, indicándome que había algo que escribías y yo sería el destinatario, y decías
"espera..."
Como si no te hubiera esperado mucho tiempo ya,
como si no estuviera dispuesta a esperar un segundo más,
como si estuviera a punto de dar media vuelta y salir de tu universo para siempre...
Como tú...
Y escribiste: "¿Sabes guardar un secreto?",
pero me temo que no hay más secretos por escribir.
Tu persona se hizo presente, una imagen muy diferente a la que apenas recuerdo,
pero la misma voz que taladra mis oidos aludiendo aquel momento en que decías "¿Te gusta?, ¡Dime que te gusta!..."
De aquellas pocas memorias que logré coleccionar de ti.
Me mirabas, y no había más aversión ahí. Era tu rostro muy diferente, lo noté, pero era la misma mirada que proyectabas aquella noche cuando escuchábamos "Floods" mientras corrompías mis labios dulcemente,
mientras sujetabas el sonido que causabas en mi voz,
mientras escribíamos el secreto con seis manos...
La noche en que todo acabó mal.
No me temías más, y dibujando apenas una sonrisa en tus labios decías,
"Quiero que estemos bien, y que todo sea como antes"
Yo nunca cambié, el hecho es que nunca será como antes; tal vez peor, o tal vez mejor, pero nunca nada igual.
Estabas ahí, acercándote más,
entre el desconcierto y la emoción que me causaron tus palabras,
entre el éxtasis y la agonía de sentirte tan cercano,
una mirada que derrumbó en un instante el muro de orgullo que construí con tanto esfuerzo sólo para tí...
Cuando el suave rumor matutino me extraía de uno de esos mundos a los que viajo cada noche, donde todo es perfectamente contrario a esta realidad, y el sueño es todo lo que se queda guardado en el historial...
No hay comentarios:
Publicar un comentario